París en Familia. Día 3

¡Buenos días y feliz año 2020!

En primer lugar, quería disculparme por haberte tenido tanto tiempo sin dar señales de vida, pero he tenido unas semanas de mucho trabajo intenso y no había podido ni encender el ordenador. Ahora ya ha pasado toda la locura y puedo seguir contándote mis aventuras.

Era 14 de diciembre y el primer destino del día era ir a la Torre Eiffel, que ya tocaba… Para ir cogimos el metro (una de las dos únicas líneas que funcionaban ya que van sin conductor). Ese día me di cuenta de cuánto me alegraba de que hubiera habido huelga de metro, porque yo pasé fatal. El metro en París es un agobio, un estrés de escaleras y gente. Bajamos en la parada de metro de Campos Eliseos y fuimos paseando para llegar hasta la Torre desde los Jardines de Trocadero. Fue un paseo lento, paramos a ver un mercado típico y a hacernos múltiples fotos.

Al llegar allí nos separamos ya que Manu y yo decidimos subir andando, mientras los demás iban en ascensor. Al no tener que hacer colas, nosotros subimos más rápido, así que tuvimos tiempo de hacernos múltiples fotos de rigor y de visitar todo lo visitable: tiendas y salas de exposiciones. Justo en la cima nos unimos al resto de la familia y pudimos disfrutar de las múltiples vistas.

Durante la bajada, Manu y yo fuimos analizando qué queríamos hacer por la tarde, ya que nos habíamos quedado con las ganas de visitar el Museo de Orsay y eran nuestras últimas horas en París. Al final decidimos que, mientras el resto se iba a comer, nosotros íbamos a saciar nuestra hambre de arte. Fuimos en un sprint porque ya eran más de las 15h y el Museo cerraba a las 18h. Llegamos allí y nos encontramos la taquilla y la puerta cerrada: drama. Resulta que justo ese día tenían que cerrar antes. Pero cuando nos dimos cuenta, por otra de las puertas aún entraba gente, nos acercamos y resulta que ¡¡la última hora se podía entrar gratis!! Pase del llanto de indignación al llanto de alegría máxima y nos pusimos el turbo para intentar ver lo máximo posible en el mínimo tiempo. Y he de decir que si vas por París, no dudes en ir, sobre todo si te gusta el Impresionismo y, aunque no seas gran amante del arte, sólo por ver el edificio, vale la pena ir.

Cuando salimos del Museo, habíamos estado tan poco tiempo, que el resto estaban acabando de comer, así que quedamos con ellos en los Campos Elíseos y pasamos allí el resto de la tarde: algunos admirando las tiendas y yo disfrutando de los escaparates que parecían auténticas escenografías.

La última noche llegamos pronto a casa porque al día siguiente había que madrugar mucho.

Y así acabo el viaje exprés en familia. Lleno de risas, con algunas lágrimas de emoción y mucho caminar, a pesar de la lluvia y el frío. No ha sido mi destino favorito de este año (superar Cantabria es difícil), pero ha sido, sin duda, un viaje inolvidable que me ha dado mucho.

París en familia. Día 1

París en Familia. Día 2

 

París

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