Torrelavega y Palacio de Soñanes. Cantabria

El 1 de noviembre llegábamos desde San Vicente de la Barquera y  Cabezón de la sal a Torrelavega a mitad tarde y nos instalamos en el hotel, el peor hotel de toda la semana y eso que era uno de los dos que habíamos reservado con antelación.

Dimos una vuelta por la ciudad y le conté a Manu algunas de las cosas de la anterior vez que estuve. Mientas paseábamos nos encontramos con mi amiga Ary y su pareja Gonzalo, pero seguimos nuestros caminos porque aún no era la gran hora del reencuentro. A las 20 horas habíamos quedado con Ruth y Alejandro para hacer la pre-boda y conocer al resto de sus amigas. Podéis ver una foto del abrazo a tres después de 10 años sin juntarnos. No estuvimos mucho rato, pero fue lo suficiente para ver que el día siguiente sería un gran día, ya que, por lo visto, Ruth sólo se junta con gente molona.

Cuando cada uno se fue a su casa, nos fuimos a cenar juntos Ary, Gonzalo, Manu y yo. Fuimos a un restaurante mejicano, que, al ser el día que era, tenían montado un altar y toda la decoración del día de Muertos. Cenamos por recomendación de Ary que estuvo unos cuantos años viviendo en México y pasamos un buen rato.

Después de una noche un poco infernal en el hotel (dónde se oían las cañerías y las risas de la habitación de al lado, la cortina se caía a cachos y la pared estaba llena de humedades), nos preparamos para el gran día. Madrugamos bastante porque pensábamos que nos iba a costar más arreglarnos y luego estuvimos más de una hora haciendo tiempo. Y a las 12 ya estábamos esperando a los novios en la iglesia. La verdad es que nos sorprendió tanto el cura que aguantamos toda la misa entera y lo mejor fue ver a mis pequeños pájaros como ofrenda… eso y que la iglesia Neogótica de Torrelavega es muy bonita, aunque sea una iglesia.

De allí nos fuimos al Palacio de Soñanes, dónde era el convite. Allí no puedo contar lo que pasó, sólo puedo decir que fue sencillo, emocionante, divertido, con fuegos artificiales, mucha comida y mucho baile… y que mis pájaros estaban por todas partes. Morí de amor por ellos.

Luego Manu y yo dormimos en una posada que hay al lado y que es una pasada.

Este era el motivo del viaje: teníamos una boda. La verdad es que el viaje en general fue genial y la boda en particular también. Unas vacaciones inolvidables y eso que aún quedaba la vuelta a casa…

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