Callosa d’en Sarrià, Guadalest, Altea. Alicante

Esta aventura empezó porque nos apetecía irnos unos días sin gastar mucho y encontramos una casa rural de oferta. Yo no conocía mucho la zona y Manu hacía mucho que no iba, así que nos decidimos a ello.

El viaje ya empezó apoteósico. Nada más salir de Valencia, tuvimos un choque con el coche. No fue nada grave, pero este perdió la matricula y no sabíamos si tenía algo más, así que tuvimos que volver otra vez. Sin embargo no nos rendimos y el padre de Manu nos dejó sin coche, así que en un par de horas reemprendimos el camino.

Lo primero que hicimos cuando llegamos fue ir a ver Guadalest. Yo quería ver allí el atardecer y fue una idea fantástica. Ver como el sol se va escondiendo en las montañas y va haciendo sombras mágicas en la piedra de los edificios…

Al día siguiente, por la mañana nos fuimos a ver “Les fonts de l’Algar” (un paraje formado por cascadas muy bien cuidadas a las que hay que pagar para entrar, pero que vale la pena). Allí lo más divertido fue el momento en el que me estaba dando un baño y mi zapatilla salió misteriosamente de mi pie y la corriente se la llevó. Manu, mi salvador, tuvo que ir al rescate y consiguió devolverla a mi pie. Y menos mal, porque sino me hubiera tocado volver descalza.

Por la tarde nos fuimos a ver Altea, pero primero queríamos pasear por la playa y se nos fue de las manos… Solo a nosotros se nos puede ocurrir hacer los más de 7km que separan Altea del Parque Natural de Serra Gelada a las 19h de la tarde, hacer un recorrido por el parque y volver… Obviamente se nos hizo tarde y cuando llegamos a Altea para cenar todo estaba a tope. Aún así conseguimos cenar en un sitio de categoría y luego continuar nuestra aventura viendo el casco antiguo de Altea y disfrutando de sus calles de noche.

Aunque, lo “mejor” fue a la vuelta. Pusimos el GPS para volver a la casa rural y ¡sorpresa!, empezó a llevarnos por caminos de locura y cuando nos dimos cuenta, nos había metido por dentro de un río, seco, pero un río con sus piedras y todas esas cosas. A todo esto, a las dos de la madrugada… No te puedes imaginar lo que nos costó encontrar un camino decente de vuelta a casa.

A la mañana siguiente, paseamos por los alrededores de nuestro alojamiento y cogimos limones asesinos, pero sobrevivimos.

Fue una escapada corta pero intensa, en la que vimos muchas cosas y vivimos muchas aventuras. Creo que nunca olvidaremos aquellos días de julio de 2015.

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