Barranco de Carcalín. Buñol

Hace muchos años que conocemos Buñol. Gracias al CEMACAM Venta Mina (Centro de Educación Ambiental sito en Buñol), descubrí el mundo de la Educación Ambiental y conocí a un montón de gente de esta localidad. Durante un tiempo incluso formamos parte del Grupo de Espeleología Carcalín, así que la zona la conocemos un poco. Sin embargo, hacía un montón de tiempo que no íbamos por allí.

El lunes, Manu y yo ya teníamos un mono tremendo de montaña, pero últimamente no tenemos ganas de ir demasiado lejos, así que decidimos volver a Buñol.

Conforme llegamos íbamos recordando todas las aventuras que habíamos vivido allí: los conciertos, las reuniones del club, la Tomatina, los paseos… pero esas son otras historias.

La cuestión es que empezamos a andar y andar y adentrarnos en el barranco. Manu no paraba de decirme “que hoy te pesa el culo” y yo “que aun estoy convaleciente de la espalda”… La cuestión es que nosotros habíamos cogido comida y todo porque habíamos salido tarde y ponía que duraba unas cuatro horas, pero tardamos dos. Así que tanto no me pesaría el culo.

La ruta es muy muy bonita. Vas por dentro del barranco, a veces sorteando agua y otras pasando por dónde debería de ir el agua. Encuentras altas paredes a un lado y a otro, tan grandes y bonitas que están llenas de enganches para hacer escalada… y tiene que dar gusto verlos.

Es curioso ver cómo la vía del tren Madrid-Valencia va cruzando el barranco una y otra vez, como entra y sale de la montaña. Está tan integrada que pasamos por una zona en la que había una barrera protectora con raíles de tren, no sé si para evitar desprendimientos o para evitar que la gente se tire a la vía…

Es una ruta corta (unos 9km) y muy bien señalizada. Aunque tiene algunos trozos un poco complicados para gente no experimentada, es muy recomendable para todos los públicos. Eso sí, si hay aviso por fuertes vientos no vayas, ni ahí ni a ninguna otra montaña. No seas un o una demente como nosotros, porque había veces en los que yo me pensaba que salía volando. Aún así, valió la pena, siempre vale la pena.

Mi conclusión de hoy es vive, haz las cosas que te gusten y siéntete libre de sentir, de actuar, de pensar lo que realmente te haga sonreír.

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