Alcalá del Júcar y alrededores

Siempre me habían hablado de lo bonito que es Alcalá del Júcar, había visto fotos y oído y leído historias, pero nunca había estado allí.

El sábado 8 teníamos la comida anual de la familia Calero (todos los primos y demás de mi padre de fiesta) en Mota del Cuervo  y después de faltar un año necesitábamos volver.

Tras un día intenso de comer, jugar, pasear y reír con la familia, el domingo  Manu y yo decidimos separarnos del resto y seguir nuestro camino hacia Alcalá del Júcar a descubrir por nosotros mismos lo que otros nos habían contado.

Íbamos por el camino y no entendíamos nada, carretera recta y más carretera recta y todo recto… ya no quedaban casi kilómetros y no se veían montañas ni nada… Y, de repente, todo se acaba, el camino empieza a hacer curvas y a bajar y ves que al otro lado hay otra pared y que el río está allí abajo camuflado… una última curva y aparece el pueblo.

Impresionante, de verdad. No me lo había imaginado así nunca. Es imponente. En un día ya nos lo habíamos recorrido todo: el castillo, las casas cueva, paseado por el río, descubierto sus calles (incluso el desprendimiento que hubo hace un par de años y que sigue así, tal cual).

Pero no te cansas de admirar sus paisajes, tanto de día como de noche. Incluso pasando un frío que pela.

Recorrimos el “Sendero del Corciolico” (que es sencillo y corto, aunque recomendamos hacerlo con calzado de montaña, porque hay trozos un poco complicados) e hicimos muuuuuchas fotos, disfrutamos del paisaje y de las maravillas de la naturaleza.

Pero el ultimo día no íbamos a volver a casa y ya está, así que nos fuimos a ver el “Tranco del Lobo” y las casas abandonadas de Casas de Ves. Esa zona está envuelta por un halo de misterio potenciado por el sonido del agua, el mecer de las hojas por el viento, los murales pintados en las paredes de los abandonados edificios y la cueva con cortina blanca en la entrada que encontramos por el camino…

Yo no me encontraba demasiado bien, el frío estaba causando estragos en mi forma física, aunque no perdí el ritmo en ningún momento, ¡que conste! Pero se nota porque hay menos fotos de las acostumbradas y más, teniendo en cuenta la belleza del lugar.

En el camino de vuelta a casa aún paramos en Casas de Ves y en Alborea (dónde Manu hizo una conexión con recuerdos de su infancia). Fue bonito empezar el viaje con mis recuerdos y acabarlos con los suyos…

Ya sé que esta entrada es más larga de lo acostumbrado, pero había mucho que contar. Aunque, básicamente, ha sido un viaje de pasear, descansar, pasar mucho frío y hacer fotos y más fotos. Y he conseguido sobrevivir sin caerme ni una sola vez, de hecho el que no paraba de tropezarse era Manu…

¿Y tu? ¿Conoces esa zona? ¡Cuéntame tu historia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s